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LA ROSA PERFECTA

 

En el año 2003, comencé a investigar sobre los métodos disciplinarios utilizados en la educación femenina. Tenía muchas inquietudes al respecto debido a que mis experiencias escolares no habían sido las mejores: por medio de la recta disciplina -un poder modesto, suspicaz cuya función principal sigue siendo enderezar conductas- como afirma Foucault en su libro Vigilar y Castigar, había sido entrenada –al igual que muchas mujeres-, para repetir pasivamente los manuales de comportamiento y buenas costumbres utilizados en las prácticas sociales, políticas y religiosas. Su propósito era y es todavía fabricar mentes dóciles y conformistas para mantener el control sobre nuestros cuerpos, entrenándolos en el temor, la resignación y la obediencia. Es así como la religión católica a través de la doctrina del pecado original, la culpa, el miedo y el castigo femeninos, ha sido responsable en buena parte de la visión sexista de nuestro imaginario, logrando que la sociedad castigue severamente cualquier incumplimiento que la mujer haga de “las reglas morales”. Bajo esta percepción y para este proyecto, adopté  el icono de la rosa de las cartillas escolares como leit motiv de la obra. Establecí una rutina de ejercicios en donde cotidianamente pintaba la imagen de la rosa, sometiéndome a una violencia invisible y silenciosa, que disciplinaba mi mente y postergaba mi deseo. Mi objetivo era lograr que las rosas fueran iguales a si mismas e idénticas a todas las demás. A medida que el proyecto avanzaba, aumentaban mis preguntas y mis dudas: ¿qué era lo que realmente buscaba?, ¿castigar mi cuerpo?, ¿humillarlo y atormentarlo?, ¿para qué? ¿Era un acto de femenina sumisión, de docilidad, de autocontrol? ¿Con qué fin lo hacía? ¿Qué es ser mujer? ¿De qué manera fuimos educadas? ¿Qué ortopedias usaron? ¿es la culpa?, ¿de qué?, ¿por qué? la mujer-hembra que obsesivamente había reelaborado, se negaba a continuar. Ya decía Susan Sontag que una obra de arte es una experiencia, no una afirmación ni una respuesta. Yo agregaría que el arte en su devenir es un acto de subversión y resistencia.

 

Muriel Angulo

Julio 2010

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